16 nov. 2011

El Planeta de los Simios (1968)

El Planeta de los Simios, o "Planeta dos Macacos" en portugués (1968), es una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine. Dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por Charlton Heston, la película, basada en la novela de Pierre Boulle, nos sitúa (ATENCIÓN SPOILER) en un planeta desconocido habitado por una civilización de simios, que cómo bien todos sabéis, resultan acabar siendo, tras miles de años de evolución, los herederos legítimos de un planeta Tierra que no pudo soportar más guerras entre humanos hasta extinguirse finalmente nuestra especie, siendo sustituida ésta por los susodichos sucios simios.

Homer Simpson, delirando una terrible y futura desgracia.



La película, al igual que otras tantas de los cincuenta y de los sesenta, era un claro aviso de que nos íbamos a ir todos a tomar por culo si la tensión de la Guerra Fría se alargaba demasiado. Finalizado hoy -menos mal- el peligro nuclear, y reconvertido éste a día de hoy en peligrosos terroristas con barbas y sayas que no dudarán en cortarte los cojones. Así es la historia de la humanidad, si no hay uno, pues es otro.

La escena final de "El Planeta de los Simios", vista por Mel Brooks en su genial película "Spaceballs: La loca Historia de las Galaxias" (1987).

La película llegó a tener cuatro pésimas secuelas setenteras de serie B con guiones tan absurdos, que no merece la pena ni comentar, amén del famoso remake tan barroco de Tim Burton (2001), dos series prácticamente desconocidas para televisión, y la última secuela de este mismo año de Rupert Wyatt "El planeta de los simios [R] Evolución", que rompe o destroza por completo la idea original.

En resumen, una película de culto prostituida y mancillada hasta la saciedad por una sociedad sedienta de simios y ciencia ficción que sólo desea secuelas y secuelas del inmejorable original. Una triste realidad mejor reflejada que nunca en la obra ficticia de Broadway de Troy MacClure; "Dr. Zaius"



Y eso es todo por hoy amigos, hasta que los mundos choquen. O hasta que sedientas vampiresas de Marte nos chupen a todos la sangre. O hasta que los trífidos ocupen la Tierra. Simios, nazicomunistas... qué más da, hasta que todo se vaya a tomar por culo. El humano, ha hablado.

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